8 de Mayo de 2026

El invento del “mejor aguardiente del mundo”

Fabio Arévalo Rosero MD

Por supuesto que como médicos, jamás estaremos de acuerdo con promover el consumo de sustancias nocivas, tóxicas, adictivas que atenten contra la vida y la salud de los humanos. Lamentablemente la sociedad ha tenido que doblegarse ante ciertas costumbres bizarras como el consumo de alcohol y tabaco, que hoy son drogas legales que causan enormes daños y tragedias.

Es aún más absurdo que en Colombia los gobiernos regionales tengan la potestad de producir la mayoría de bebidas alcohólicas. De allí nacieron las industrias licoreras y cada una con sus propios productos. En principio para proteger el negocio alcohólico local a cada región se le entregó el monopolio de comercialización de sus bebidas. Significaba que las foráneas serían contrabando, vetando su venta y consumo.

Inducir y estimular su ingesta sobre todo con posicionamiento institucional, es hacer apología a la enfermedad y la muerte, es avalar las tragedias convirtiéndolas en paisaje. Es complicidad culposa. Luego viene la hipocresía y doble moral: gobernantes indolentes que lamentan muertes por accidentes de tránsito (el 65% de víctimas mortales están asociadas al consumo de alcohol), tragedias familiares, asesinatos, niños abandonados o huérfanos, enfermedades incapacitantes, etc.

Licoreras que irresponsablemente patrocinan eventos recreativos, sociales y hasta deportivos; o a medios de comunicación poco éticos, que callan una dolorosa verdad. Promover el consumo de tóxicos es al menos afectar estructuralmente el sistema de salud pública. Luego salen con el cuento de los miserables subsidios que aportan, para reducir un daño ya irreparable. Por ello en Colombia es urgente una “Ley antialcohol” como lo hemos propuesto en múltiples ocasiones. https://www.elespectador.com/actualidad/hora-de-la-ley-antialcohol-331196/

Volviendo a la región, a alguien ajolotado confiado en atrapar incautos, o para embolatar a una opinión pública con ayuda de medios interesados, le dió por inscribir al aguardiente en un supuesto concurso en Bélgica. Se trata de una empresa privada, de unos avispados, que convocan a su “concurso” previa inscripción pagada (nada es gratuíto). La mayoría de participantes son productos poco conocidos ávidos de un reconocimiento que a lo mejor no tienen. Se presentan una multitud de bebidas variopintas y preparados procesados procedentes en buena parte de un tercer mundo.

Son miles los “concursantes” (hasta papas fritas), pagando cada uno, una inscripción promedio de unos 10 millones de pesos (unos 2 mil euros), pero es mucho más lo que pueden gastar en trámites, viajes y logística. Empresas “pobres” que se gastan una millonada para satisfacer un absurdo ego o buscar un reconocimiento que seguramente no ha sido capaz de ofrecer el mismo producto y carecen de una exitosa estrategia de mercadeo.

Dados los innumerables “premiados”, se supondría que de una u otra manera a todos se satisface como para retribuir su inversión. Para ello su frondosa página web anuncia cuatro categorías, en donde los «ganadores» se cuentan por miles. Para mostrar una supuesta seriedad y transparencia, mencionan que “realizan un riguroso proceso de testeo con expertos”. Proceso riguroso con el que logran complacer a una multitud de productos.

En lo local con el ya conocido estilo folclórico, algunos despistados se tragaron el cuento del supuesto título de “el mejor aguardiente del mundo”, que otro despistado vendió de forma poco responsable. El solo hecho de acceder pagando, a una controversial certificación al lado de otras miles, no lo catapultaría como “el mejor del mundo”, algo ya bastante osado. Basta con revisar la página de los “premiados” en las cuatro categorías, para inferir que seguramente, salvo algunas excepciones, a todos los autopostulados les dan su premio. Cada uno folclóricamente dirá que es “el mejor del mundo” y mostrará orgulloso un sello que no ha sido gratuito. Aquí pueden consultarse los “premiados”: https://www.monde-selection.com/es/awarded-products/

En la primera página, no aparece el «autoproclamado» No 1 (aunque no se descarta que esté refundido entre los miles de «premiados»):  https://www.monde-selection.com/es/awarded-products/?product_cat-49=on

La máscara del bulo de un supuesto “mejor licor del mundo” corre el riesgo de desaparecer en el momento en que se establece un cambio de normativa en el monopolio de los licores. Sería absurdo que quien tenga el mejor aguardiente del mundo se oponga a su libre comercialización en cualquier lado. De ser así arrasaría con las ventas y sería el más apetecido en todas partes afectando a sus competidores.

Al parecer la realidad es otra. En Colombia existen poderosas factorías con aparentes productos de “renombre internacional”, que no necesitan forzar un reconocimiento. Si fuera verdad el título del mejor aguardiente del mundo, ese sería el más favorecido con la apertura de fronteras comerciales, no tendría competidores. Pero al parecer hay un miedo y terror disfrazados frente a la competencia.

Un ejercicio realizado por un medio con Inteligencia Artificial, logró determinar cuáles son los 5 mejores licores del país. “ChatGPT revela en qué parte de Colombia se encuentra el mejor aguardiente” y son en su orden: Antioqueño, Blanco del Valle, Néctar, Tapa Roja y Cristal. En otros incluyen al Amarillo. Se puede revisar aquí: https://www.futbolred.com/fuera-del-futbol/ciudad-de-colombia-que-tiene-el-mejor-aguardiente-segun-la-ia-234726

Esto nos recuerda una simpática historia de mercadeo de competidores por el mercado del pollo en una misma cuadra. El valluno puso un aviso que decía “el mejor pollo de la ciudad”. El antioqueño, más avispado: “el mejor pollo del país”, el caucano fue más osado: “el mejor pollo del mundo”. Vino el pastuso y sentenció: “el mejor de la cuadra”.

Si se hiciera un concurso regional del suroccidente (Valle, Cauca y Nariño), el Cauca por ejemplo no se bajaría del podio, al menos podría mostrar orgulloso su medalla de bronce. Tendría más méritos que el tal sello de marras que a lo mejor le sirvió más a un personajillo para descrestar a una opinión incauta. ¿Y las ventas?

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