10 de Junio de 2026

La ciudad sometida por la bestia

Fabio Arévalo Rosero MD*

Hace unos años para celebrar el “día del niño”, realizamos en la ciudad de Pasto el “Festival nacional de payasos”, con buena parte de los mejores comediantes del país en este género. El evento gratuito se llevó a cabo en el estadio Libertad, invitando a miles de niños que pocas oportunidades tendrían de disfrutar estos espacios de diversión infantil. Pero la noticia no fueron los cerca de 7.000 infantes beneficiados, sino los mil que se quedaron afuera.

Como ha sido política en la alcaldía de Pasto, todo evento de multitudes exige previamente un consejo de seguridad. Era liderado por el inefable, eterno y exigente Darío Guerrero (Atención de desastres) con todas las organizaciones de logística, seguridad y socorro. Gracias a ello la organización de nuestros eventos, con mínimas excepciones, fue impecable, incluyendo las fiestas electrónicas (rumba sana) con miles de jóvenes.

Aquel día se habilitó la tribuna occidental, con el escenario al frente, donde se acomodaron los pequeños con sus padres o cuidadores. Desde la alcaldía el despliegue de logística fue generoso cuidando a la gente. Cuando la tribuna estuvo llena, vimos con desazón que quedaban afuera cerca de mil niños. Propusimos a los encargados de seguridad y a la policía, acomodarlos en la pista atlética y la grama, la respuesta contundente fue que por razones de seguridad no podía hacerse. Entendimos con dolor.

Se trataba de un certamen escénico, sin aparentes mayores riesgos, aunque toda multitud es susceptible de afectarse. Pero esto demuestra que, en una ciudad como Pasto, gracias a sus buenos alcaldes líderes como A. Navarro, Raúl Delgado, E. Alvarado, Pedro V Obando, H. Guerrero, G. Chamorro, los estándares de calidad en la programación de este tipo de eventos son altos y exigentes, ya que primero está la seguridad de las personas, antes que el espectáculo o el interés comercial.

Otra lectura se puede hacer en Popayán con la gravísima tragedia causada por el negligente manejo de una demostración de un motorizado desbocado y con injertos de piezas no convencionales. Un evento que desde la municipalidad no podía tomarse a la ligera, empezando por autorizar su realización en un vetusto y caótico lote descampado en el centro de la ciudad, donde era evidente que el espantajo motorizado apenas podía desplazarse.

La improvisación en la organización era evidente, ya que las personas estaban a “boca jarro”, inermes y expuestas ante semejante bestia. Además, es inexplicable cómo se permitió la asistencia de niños en un certamen de tan alto riesgo en espacios inseguros. Un folclórico secretario salió a justificar que por la organización todo estaba en orden cumpliendo (en papel) todos los requisitos. Pero el trágico desenlace y lo visto en la precariedad del evento dicen otra cosa.

La alcaldía y los organizadores salieron con comentarios zalameros dirigidos a las víctimas, convencidos que con eso pasan de agache. Mejor les quedaría, asumir las responsabilidades que les competan, poniendo la cara con las explicaciones contundentes que amerita la ciudadanía ante los lamentables homicidios y la agresión a tantas personas inocentes. La investigación identificará a los responsables y permisivos, quienes deberán asumir sus costos, ante un daño irreparable.

Toda la capacidad operativa no se despliega cuando ya no hay nada que hacer, sino antes de la realización de un espectáculo de alto impacto. Valgan como referente, los cuidados de protección de la vida, manejados por una capital vecina y hermana. Por ello el titular de gobierno y el encargado de la gestión de riesgos, debieron poner en consideración del alcalde sus respectivos cargos (Algo que solo pasaría en una organización de otro nivel).

Estos hechos gravísimos (no incidentes como los quieren hacer aparecer algunos) obligan a plantear que una ciudad como Popayán requiere un liderazgo fuerte y comprometido con los más altos estándares de desarrollo humano y urbano. Mientras ello no ocurra, la ciudad seguirá sometida por la mediocridad dirigencial y sin rumbo, como el monstruo que aplastó a más de 50 personas cobrando al menos tres inocentes vidas.

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